Autor

Luis

En la mayoría de las empresas, oír hablar del Departamento de Recursos Humanos se asocia principalmente al pánico que siente al recibir un aviso que te invita a subir a la cuarta planta después de que tu ordenador se haya bloqueado misteriosamente.

Es esa gente oscura y gris que te dio mucho respeto cuando entraste en contacto con la empresa para superar las duras pruebas de selección y de la que ya no quieres oír hablar nunca más una vez que te han informado acerca de cómo sobrevivir en la organización.

Recibes con sobresalto cualquier invitación a realizar cursos de formación y recelas de cualquier propuesta de promoción profesional que no encaje con tus verdaderas aspiraciones.

Recursos Humanos, para el resto del negocio, es el Departamento más malévolo de toda la empresa… y puede llegar a ser el infierno en el que arden las almas de compañeros que un día atendieron la llamada y subieron a la cuarta planta para desaparecer para siempre de nuestro lado.

Todos sabemos que el departamento de Recursos Humanos es algo más. Es donde se gestionan los mayores activos de la empresa… las personas.

Tradicionalmente, el objetivo de los profesionales de recursos humanos consiste en atraer, desarrollar, motivar y retener a los empleados.

Por ello, las principales funciones son: seleccionar personal cualificado para atender las necesidades de la empresa, formar a los trabajadores para adecuar sus capacidades a cada puesto,  medir el desempeño de cada empleado, gestionar las retribuciones,  aplicar medidas de seguridad laboral y prevención de riesgos laborales, negociar con los sindicatos, fomentar un clima laboral adecuado, conocer y aplicar la legislación de relaciones laborales y asesorar a la dirección y a los diferentes departamentos en procesos toma de decisiones relacionados con los trabajadores.

Estas funciones han convertido al departamento de Recursos Humanos en un área de soporte dentro de la organización, perdiendo progresivamente su función estratégica. En algunas empresas se percibe como un departamento obsoleto y alejado de la realidad de la empresa.

El cambio que se está produciendo en nuestra sociedad está transformando la función de este departamento, que aun prestando servicios imprescindibles en las organizaciones, acaba externalizándose en muchas organizaciones por no aportar valor estratégico al resto de la empresa.

La gestión de recursos humanos comienza por identificar los diferentes perfiles de profesionales que cohabitan en la mayoría de empresas de hoy en día. Los más habituales son:

  • Zombies. Son los “cuerpos sin alma” que llegan por las mañanas al trabajo y deambulan sin un objetivo claro, realizando diferentes tareas hasta que llega la hora de salir. Intentan morder a otros empleados para contagiarles su falta de ilusión y su apatía por el devenir de la empresa.
  • Precarios. Muchas empresas incorporan becarios que han terminado sus estudios o están a punto de concluirlos para realizar tareas que fomenten su aprendizaje y desarrollo profesional. Algunas empresas se aprovechan de esta condición de “aprendiz” para incorporar legiones de chicos y chicas que trabajan de sol a sol a cambio de poco o nada, con la única expectativa de ser contratados o de adquirir las competencias que necesitan para optar a un puesto mejor en otra empresa. Es entonces cuando el noble oficio de “becario” pasa a denominarse “precario”.
  • Empleados. Constituyen la gran masa laboral de las empresas. Personas que realizan su trabajo correctamente, asumiendo las funciones y responsabilidades asignadas sin ningún tipo de problema, independientemente de que les guste más o menos. El empleo es la fuente para obtener un salario y no quieren ponerlo en riesgo. Saben que su trabajo no es el lugar en el que esperan ser felices. Es suficiente con permanecer atento y parar el golpe de cualquier amenaza que pueda surgir en forma de error, exigencia de sus superiores o conflicto con un cliente. Están siempre alerta para evitar problemas.
  • PERSONAS. Obviamente, los perfiles anteriores de profesionales son también personas, pero hay una categoría que merece destacar ese apelativo poniéndolo en letras mayúsculas. Se implican, conocen sus objetivos y los de la empresa, promueven un ambiente positivo, maximizan sus capacidades, ayudan a sus compañeros, saben y quieren trabajar en equipo, se preocupan por los problemas de los demás y suman esfuerzos para hacer del lugar de trabajo un espacio en el que apetezca pasar ocho horas al día. Es en este nivel cuando aparecen líderes transformadores.

Posiblemente, a estos cuatro perfiles, en poco tiempo añadiremos uno más que convivirá con los anteriores, los robots, e incluso, gracias al machine learning, pronto puedan formar equipos eficientes con las PERSONAS.

Mientras esa situación llega, el departamento de Recursos Humanos deberá esforzarse por tratar de conocer  a las PERSONAS, sus intereses, sus inquietudes, sus expectativas profesionales y personales.

Ya no se vive para trabajar, se trabaja para vivir.

La globalización, los cambios socioeconómicos de los últimos años y la incorporación de nuevas tecnologías y la incorporación de los millenials al mundo laboral están propiciando una nueva concepción del trabajo.

Para “salir del infierno” o mejorar la visión que tiene el resto de la empresa del departamento de RRHH, debe convertirse en un área estratégica de la empresa. Para lograrlo, tiene que hacer frente a cuatro grandes desafíos:

  1. Comprender el negocio. Es fundamental comprender el negocio, su evolución, sus necesidades presentes y futuras, fijando objetivos con el resto de la organización, compartiendo información, generando ideas conjuntamente, intercambiando conocimiento y aportando soluciones a los problemas que surjan. Diseñar la organización y su estructura de personal es fundamental para ubicar a cada persona en el puesto más acorde a sus capacidades y competencias.
  2. Agregar valor al negocio: El departamento de RRHH debe centrarse en el core del negocio, es decir, en aquellas competencias que aportan mayor valor a la organización y que implican una mayor eficiencia en la gestión. El resto de tareas, las que generan menor valor para la empresa, pueden externalizarse.
    De este modo, se pone el foco en la gestión del talento y las PERSONAS, como valor fundamental para incrementar la productividad y la competitividad de la empresa.
  3. Incorporar la tecnología en todos sus procesos internos: Cualquier proceso de transformación digital en una empresa contribuye a eliminar ineficiencias operativas, automatizar procesos internos y habilitar nuevos mecanismos internos que mejoran la comunicación, amplían la información y facilitan el trabajo en equipo.La tecnología en la nube, BigData, la inteligencia artificial o las herramientas colaborativas hacen que las compañías sean cada vez más interactivas y la medición de su productividad sea más precisa. Algunos de los campos en los que la tecnología puede aportar soluciones de mejora son:
    • Herramientas colaborativas
    • Plataformas de eLearning.
    • Herramientas de gamificación
    • Lanzamiento de encuestas internas.
    • Indicadores de gestión en RRHH
  4. Trabajar al servicio de los empleados. Hay dos formas de enfocar la misión del departamento de RRHH, trabajar contra los trabajadores o a favor. Lógicamente, el departamento debe poner el foco en todo aquello que es importante para los empleados, alineándolo con los intereses de la empresa.

    Servir a los trabajadores significa:

    • Crear un entorno laboral favorable. El espacio de trabajo debe ser un espacio diseñado acorde a la actividad que se desarrolle, propiciando tanto el trabajo individual como el colaborativo. Horarios flexibles, conciliación familiar y laboral, trabajar desde cualquier lugar o el ambiente físico y emocional de las propias instalaciones ayuda a atraer y retener talento.
    • Mimar el proceso de acogida de los nuevos empleados. Es momento de conocer bien a los nuevos profesionales y potenciar sus capacidades y competencias, instruirles en nuevas formas de trabajar y fomentar hábitos sociales con el resto del equipo.
    • Impulsar un Portal del empleado. Se trata de una herramienta de gestión que automatiza determinadas tareas y favorece la comunicación bidireccional entre la empresa y su capital humano. El empleado puede tener acceso directo a su nómina, a informaciones fiscales, pasando por el pago de dietas y viajes, la gestión de calendarios laborales y vacacionales, solicitar inscripción en actividades formativas, además, de disponer del historial profesional y académico siempre actualizado. Es una herramienta que contribuye a incrementar la motivación, implicación y productividad de los empleados.
    • Employee experience – Experiencia del empleado. Crear una experiencia positiva para el trabajador es fundamental para atraer y retener talento. La clave es conseguir que el empleado quiera formar parte de la empresa, algo que resulta fundamental para atraer talento millenial, una generación totalmente tecnológica para la que, entre otras cosas, el trabajo es un medio para ser feliz, no se atarán a ningún trabajo por necesidad económica.

Heraldo de Aragón me pidió una colaboración sobre un tema de actualidad en el mundo empresarial para su Suplemento dominical Economía & Negocios que se publicó el pasado domingo 11 de marzo.

Decidí escribir acerca de las empresas que, además de digitalizarse, están propiciando un entorno de trabajo colaborativo fundamentado en estructuras más transversales y flexibles que las de las empresas tradicionales, más jerárquicas y funcionales. El cambio cultural que acompaña a la transformación digital de las empresas es tan profundo y beneficioso para todos que me pareció una gran ocasión para compartir mi visión acerca de este tema.

A continuación te reproduzco el texto íntegro.

Las empresas del futuro: más digitales… y más humanas

El proceso de digitalización del tejido empresarial ofrece enfoques innovadores para resolver los problemas de siempre y proporciona soluciones de valor a empresas, profesionales y también a consumidores. Todos ganan.

Cloud computing, big data, inteligencia artificial, internet of things, smart tech, omnicanalidad, ERP, business intelligence, CRM, B2C, B2B, realidad virtual, M-Commerce, son algunos de los términos que acompañan a los avances tecnológicos que están evolucionando y revolucionando nuestra sociedad a un ritmo frenético. La digitalización no solo ha proporcionado nuevos conceptos, sino también nuevos modelos de interacción entre empresas y personas.

Las ventajas de la digitalización son innumerables: movilidad para trabajar en cualquier lugar y desde cualquier dispositivo; drástica reducción de costes en infraestructuras al trabajar en la nube; agilidad en la toma de decisiones gracias a la cantidad de información de calidad disponible; predicción precisa de situaciones futuras; ejecución de tareas muy complejas a través de robots; reducción de los tiempos de producción; aplicación de tecnología 3D para realizar prototipos y personalizaciones de producto en masa; optimización de la cadena de suministro gracias a una logística eficiente basada en geolocalización de clientes, etiquetado inteligente y trazabilidad de mercancías; o creación de nuevos canales de venta para proporcionar al consumidor una experiencia de compra más completa y satisfactoria.

Este cambio, al que se ha dado nombre de transformación digital va más allá de la mera incorporación de nuevas tecnologías a la gestión, pues afecta al conjunto de la organización que lo lleva a cabo, dado que comprende la revisión integral de su modelo de negocio, de los procesos internos y las actividades que desempeña para responder a las exigencias de un mercado cada vez más competitivo y dinámico.

La tecnología debe estar siempre alineada con el negocio. Eso significa que deben evolucionar juntos y coherentemente, propiciando la transformación del negocio a través de la transformación digital.

Por otra parte, la innovación se ha convertido en el alma mater de la empresa del futuro. La tecnología es una poderosa fuente de innovación. Pero, no se entiende el cambio de herramientas y dispositivos sin que exista una renovación de estrategias, métodos, procesos y entornos de trabajo.

Una vez superado el primer momento de resistencia a lo nuevo y miedo a lo desconocido, las personas deben aceptar, promover y realizar el cambio desde dentro de sus organizaciones… porque fuera, ¡ya lo están haciendo!

Consumidores 3.0

Ésta es una de las grandes paradojas de este proceso regenerador. Cuando los empresarios, directivos y trabajadores bajan la persiana de su “negocio 1.0” se convierten en “consumidores 3.0”, utilizando su smartphone para casi todo, desplazándose con su vehículo inteligentemente conectado, beneficiándose de una experiencia omnicanal cuando realizan sus compras habituales o disfrutando de la tecnología inteligente con la que lo han ido equipando su hogar para tener una vida más cómoda. Y al día siguiente, vuelta al pasado, a la empresa en la que el cambio todavía puede esperar algún tiempo, por mil y una excusas.

La digitalización requiere la máxima implicación de todos los profesionales de la empresa, pues, al igual que hacen en su vida privada, deben adoptar nuevos hábitos en su trabajo. En consecuencia, los entornos laborales se vuelven más abiertos y colaborativos, los espacios físicos dejan de tener dueño, los horarios son más flexibles, el papel es (casi) inexistente, el trabajo se realiza en equipo y la productividad se convierte en un factor clave de competitividad.

Las empresas del futuro son menos jerárquicas y están más orientadas a fomentar el trabajo en equipo, la formación continua y la interacción entre trabajadores y clientes. En este nuevo entorno, humanizar la tecnología facilita el cambio. Las herramientas tecnológicas deben ponerse al servicio de las personas para mejorar la calidad de su trabajo y optimizar el valor que se entrega al cliente.

Diseñar experiencias

La tarea más compleja del proceso de digitalización de una empresa es gestionar un cambio que, además de incorporar innovaciones tecnológicas y culturales en la organización, afecta también a la actitud y el compromiso de los trabajadores.

Liderar el cambio consiste en alinear a toda la organización en la dirección correcta, en el menor tiempo posible y venciendo todas las resistencias que surjan como, por ejemplo, desmotivación, incapacidad para romper con las rutinas, falta de implicación o, incluso, aparición de conflictos internos.

Si que quieren evitar los efectos negativos que despierta la resistencia al cambio debe actuarse sobre las actitudes, el conocimiento, las competencias y el compromiso, lo cual será beneficioso para todos.

Los trabajadores de las empresas del futuro quieren ser felices, en su vida y en su trabajo. Por tal motivo, la posibilidad de conciliar el entorno personal con el profesional constituye un aliciente fundamental para atraer y retener talento.

Además de diseñar experiencias para sus clientes, el gran desafío de las empresas del futuro consiste en crear experiencias positivas para sus empleados, propiciando un entorno profesional retador del que el trabajador quiera formar parte. De este modo, las empresas dejarán de ser un lugar donde trabajar para convertirse en lugares donde se creará valor para las personas, independientemente de que sean clientes o profesionales.

Solo así, las empresas del futuro serán más digitales y humanas. Y esas empresas ya son una realidad.

Enlace al pdf

El próximo 13 de febrero tendré el honor de participar como ponente en el 21º Congreso AECOC de Ferretería y Bricolaje bajo el lema “Adaptarse al consumidor: el único camino”.

AECOC es la Asociación de Empresas de Fabricantes y Distribuidores, una de las mayores organizaciones empresariales del país. Su actividad se centra en fomentar buenas prácticas y estándares tecnológicos en los diferentes sectores económicos para, de este modo, ayudar a las empresas a ser más eficientes y competitivas, además de aportar mayor valor al consumidor. Asocia más de 27.000 empresas cuya facturación conjunta representa casi el 20% del PIB.

El evento, que reunirá a más de 300 profesionales del sector, se celebrará en Madrid con el objetivo de presentar a los asistentes algunas de las tendencias que están marcando la renovación de empresas y modelos de negocio para adaptarse a los profundos cambios que están experimentando los mercados. Innovación, creatividad, digitalización u omnicanalidad son solo algunos de los conceptos que se escucharán repetidamente durante las diferentes intervenciones que tendrán lugar a lo largo de la jornada.

El panel de ponentes está compuesto por profesionales de reconocido prestigio como:

  • Richard van Hooijdonk, trendwatcher internacional y futurista que ha congregado en total a más de 420.000 asistentes en las diferentes sesiones inspiracionales en las que ha participado,
  • Iñaki Maillard, director general de Global DIY Summit y director de marketing y RRPP de la Federación Europea de Fabricantes de Bricolaje y Jardín (FEDYIMA),
  • Cristóbal Valdés, presidente de Venanpri Ingersoll Tools Group empresa que comercializa las marcas Bellota, Corona y Duas Caras y extiende su actividad en más de 80 países,
  • José María de las Heras, director de la Central de Compras de AKI Bricolaje,
  • Fermín Baldanta, director de la tienda online y de la Relación Cliente Omnicanal en Leroy Merlin
  • Paolo Andriolo, vicepresidente de maketing de Positec Group, fabricante líder de herramientas eléctricas y herramientas para jardín, además de ser el segundo jugador más grande del mundo en la industria de cortacésped robótica.
  • Abraham Vieito, director de maketing de la Central UNIFERSA-CLICKFER
  • y el influencer Joaquín Gómez, creador de un canal en YouTube sobre bricolaje que ya supera los 280.000 suscriptores y que se ha convertido en el canal de bricolaje más relevante en España.

Todo un lujo poder participar junto a este elenco de profesionales y expertos. Mi aportación al Congreso consistirá en compartir mi visión acerca del viaje digital que las empresas deben recorrer para desplazarse desde el “universo OFF”, un lugar poco apasionante pero aparentemente seguro, hasta el “universo ON”, un enigmático territorio inexplorado en el que impera el miedo y lo desconocido.

Lo cierto es que la transformación digital de empresas y profesionales se ha convertido en un proceso ineludible para afrontar los retos de un mercado que es cada vez más digital y exige soluciones de omnicanalidad. El nuevo consumidor no diferencia ya entre el universo OFF y el universo ON, únicamente valora su experiencia de compra por los contactos que establece con marcas y distribuidores, independientemente de que esos contactos sean físicos o virtuales. Lo único importante es que sean contactos satisfactorios y que al final se cumplan todas sus expectativas.

El viaje digital ha comenzado para consumidores, empresas y profesionales. ¿Serán capaces de adaptarse las organizaciones tradicionales a las nuevas exigencias del mercado? Los grupos de compra y las cadenas de tiendas físicas tienen ante sí su principal amenaza y, a su vez,… su gran oportunidad.

Abróchense los cinturones. Despegamos!!!

Más información del 21 º Congreso AECOC

No siempre se tiene la oportunidad de ponerse delante de un auditorio selecto y exigente… los líderes del futuro. Hace unos días lo hice, y la experiencia fue increíble.

La audiencia estaba compuesta por alumnos de segundo curso de bachillerato del Colegio FEC Nuestra Señora del Carmen de Zaragoza. El momento vital en el que dichos alumnos se encuentran es realmente fascinante, pues en pocos meses tienen que superar la PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) y elegir los estudios con los que buscarán un camino profesional para diseñar una parte fundamental de sus vidas.

Empezamos hablando de un nuevo concepto cuyos síntomas resultan muy familiares a muchas personas, especialmente adolescentes. Se trata de la Nomofobia, un trastorno que sufren muchas personas por miedo a estar sin teléfono móvil. El término proviene de la expresión inglesa “nomophobia”, cuyo significado es “no-mobile-phone fobia”. Los adolescentes son uno de los grupos de población más afectados por esta nueva enfermedad, dado que sus relaciones sociales se construyen en torno al dispositivo móvil, lo que, sin duda, les genera una enorme dependencia, además de centrar gran parte de sus preocupaciones y de su atención.

Pero, como más allá del teléfono móvil hay vida, era importante enfrentarlos a un espejo de realidad para hacerles tomar conciencia que su futuro depende de que enfoquen toda su atención en ellos mismos y se proyecten al futuro para descubrir como quieren que sea su vida.

Para ello, durante aproximadamente una hora, trabajamos algunas ideas clave que ayudan a los adolescentes (y adultos) a liderar su vida:

  • El riesgo de moverse por percepciones. Es importante distinguir entre la realidad y como interpretamos dicha realidad, en base a nuestra cultura, experiencia, educación, valores o expectativas. La percepción de la realidad condiciona nuestro comportamiento y nuestras decisiones. La adolescencia es un buen momento para comenzar a tomar conciencia de la necesidad de distinguir entre realidad y percepción para evitar errores de interpretación, tomar decisiones equivocadas o ser manipulado fácilmente. Toca elegir un futuro, por eso hay que poner toda la maquinaria a trabajar con seriedad y responsabilidad, con nitidez y sin fantasías.
  • Elegir la actitud positiva. La actitud es una poderosa arma para enfrentarse al mundo y a las circunstancias que se presentan en la vida real. La actitud de una persona frente a algo inesperado marca la diferencia, pues demuestra la capacidad de la persona de superar o afrontar cierta situación. Todo lo que está por venir es incierto. Por eso, el adolescente tiene que prepararse para asumir cualquier circunstancia y enfrentarla con madurez y energía, y siempre, de forma positiva. Elegir la actitud cada día ayuda a crear el futuro que se desea.
  • El impulso de la motivación. Tener claros los objetivos es el primer paso. Dirigir la conducta hacia el logro de esos objetivos es el segundo. Poner toda la energía necesaria para alcanzarlos es casi una garantía para alcanzarlos. La motivación varía en función de cada persona e incluso, en una misma persona, en función del momento. Saber encender la chispa que pone en marcha el motor para rodar hacia nuestros sueños es fundamental para no atascarse en la línea de salida. Nuestro futuro depende de cada uno de nosotros y de la energía que pongamos en alcanzarlo.
  • El poder de volverse a poner en pie. Desde que damos nuestros primeros pasos aprendemos que siempre hay que levantarse cuando se cae. De otra manera, nunca aprenderíamos a caminar. La vida es lo mismo. Atravesamos momentos en los que sentimos caer y toca ponerse en pie para continuar. La capacidad de las personas para adaptarse a los problemas y situaciones adversas, compensando lo negativo con una actitud positiva y optimista se llama resiliencia. Consiste en saber aprender de la derrota y transformarla en oportunidad de desarrollo personal. Es un maestro poderoso que puede habitar en nuestro interior si nosotros queremos. Hay muchos ejemplos de personas que nunca sucumbieron ante la adversidad ni ante situaciones realmente extremas. Ellos son el mejor estímulo para convencernos de que debemos superar cualquier obstáculo que se nos presente en la vida. Y seguro que lo haremos.

Qué envidia, estar delante de un grupo estupendo de jóvenes que tienen toda una vida por delante para cumplir los sueños que se propongan. La experiencia para mi fue maravillosa, y no podía dejar de lanzar unos consejos finales para dejar en cada una de sus mentes una pequeña huella de mi paso por sus vidas: “no os rindáis nunca”, “dad siempre el 100% ante cualquier situación”, “sed siempre la mejor versión de vosotros mismos”, y sobretodo, “vivid a tope”.

Sois los líderes del futuro, y vuestro futuro dependerá de cómo lideréis vuestra vida.

Son las 6 de la mañana. El despertador suena puntual, como siempre. Tengo que levantarme, ducharme y desayunar antes de tomarle el pulso a la meteorología del día. Un paseo con mi perro por el parque me ayuda a poner en orden las tareas que tengo por delante y a prepararme mentalmente para afrontar una dura jornada de trabajo…, una más.

Al subir, preparo mis cosas, cojo las llaves del coche y voy para mi oficina. De camino dejo a mis hijos en el colegio y les animo a trabajar duro para alcanzar sus sueños.

Ya son las 8 de la mañana. Después de tomar un café para despejar mi cabeza, consulto en mi agenda la primera tarea de mi jornada. Representa el pistoletazo de salida de una carrera sin sentido en lo que se supone que será un frenético día…, uno más.

Llamadas telefónicas, informes, reuniones, cuentas de explotación, números y más números, son parte del “tengo que hacer” que presiona mi mente desde que suena el despertador, y algunas veces, incluso antes de que anuncie la hora de ponerse en pie.

El día avanza, y con el día, mi vida.

De repente, una pregunta me asalta… “pero, ¿realmente esto es lo que quiero hacer?”. La respuesta es inmediata, “¡no!, pero es lo que tengo que hacer”. Mis jefes, mis compañeros e incluso mi familia es lo que esperan que yo haga… o por lo menos eso es lo que yo creo que es lo que se espera de mí.

La pregunta vuelve una y otra vez. No se qué es lo que está ocurriendo hoy, pero ha acabado por instalarse en mi cerebro y no deja de torpedearme. Así no puedo seguir. No logro concentrarme y estoy empezando a agobiarme. Dejo a medias un mail que estaba escribiendo y, sin ni siquiera apagar mi ordenador, me levanto y salgo a toda velocidad en dirección a la puerta que conduce a la calle. Necesito aire, necesito un respiro para evitar que la maldita pregunta acabe por ahogarme.

Ya en el exterior, respiro profundamente e inicio un diálogo conmigo mismo… (está claro, me estoy volviendo loco). “Qué tonterías estás pensando, a qué viene ahora esta estupidez, con todo lo que tengo que hacer y aquí estoy, en la calle, sin hacer nada…”. Doy una vuelta a la manzana, primero con paso firme; pasados unos minutos, con el paso más sosegado. Siento una sombra dentro de mi cabeza que ofusca mi realidad. Aunque quizás, la sombra sea yo, que no reconozco lo que me está ocurriendo,… desde hace mucho tiempo.

Probablemente, mi mundo inteligible, donde impera la razón, hace tiempo que devoró a un mundo sensible en el que anidaban mis sueños, convirtiéndome en prisionero de mis obligaciones y de mis falsas creencias. Pero la sociedad en la que habito (o mal habito) es lo que espera de mi, una persona capaz y responsable que cumple con sus deberes, sacrificándose y renunciando a sus sueños por los demás.

De pronto, un recuerdo hace que me vea a mi mismo, hace veinte años, diciendo todo aquello que iba a hacer en mi vida, imaginándome disfrutando de una existencia plena, divertida y gratificante. ¿Dónde quedaron esas ilusiones? Pienso en mis hijos, a los que cada día dejo en la puerta del colegio y les instruyo en el camino de la verdad por la vía del sacrificio… ¡qué imbécil! La vida se vive, no se tira a la basura.

A veces pienso que hago todo esto para que mis hijos, mi familia se sientan orgullosos de mí. Nada más lejos de la realidad. Poco a poco, mientras rodeo la manzana de mi oficina, voy dándome cuenta que la gente que te quiere se siente orgullosa de ti cuando haces aquello que te hace feliz, aquello que te libera de tus cadenas.

Entonces, ¿quién nos encadena?, ¿quién nos obliga a vivir atado a unas obligaciones que pulverizan nuestra vida en mil pedazos?, ¿quién produce las sombras que nos controlan? Formamos parte de la sociedad del estrés, una caverna en la que habitamos programados para levantarnos, trabajar y consumir. Una falsa apariencia de libertad valida un entorno hostil que fagocita a quienes se oponen al pensamiento grupal y  a quienes aspiran a vivir libres. Las consecuencias son terribles: infelicidad, angustia, ansiedad o depresión, implacables virus que infectan cada vez a más rehenes de su presente.

Son las 12 del mediodía. Llevo más de una hora en la calle. El ruido interior va mitigándose. El anhelo de alcanzar aquellas fantasías de juventud y la esperanza de que todavía estoy a tiempo de lograrlo van tomando fuerza en mi cabeza. Simultáneamente, una sensación de paz me invade. Paseo relajado, una sonrisa ilumina mi cara y, aunque no puedo ver mi rostro, imagino que mis ojos están recuperando el brillo de antaño. He dejado de ver todo lo que ocurre a mi alrededor para visualizar lo que podría estar ocurriendo si yo quisiera que ocurriera. Nada ha sido más real en los últimos años como este momento imaginario. Las sombras van transformándose en luz e ilusión. Tengo la sensación de haber salido de las profundidades de la tierra.

Regreso a la oficina. Al llegar a la puerta, me detengo unos segundos. Miro la puerta e imagino mi soporífero espacio de trabajo, y a todos mis compañeros trabajando en una penumbra que anula sus verdaderas ilusiones. Me gustaría entrar y animar a todos a romper sus cadenas y salir de su caverna, pero probablemente pensarían que he perdido la razón y que me he vuelto loco.

Doy media vuelta y me voy. Estoy dispuesto a renunciar a todo aquello que me aleja de mis sueños. El “tengo que hacer” ha sido sustituido por un motivador “quiero hacer”. Un deseo irrefrenable de cambiar mi oscura vida resuena en mi interior. Quiero hacerlo, voy a hacerlo. Mi intención ya no encuentra freno… Soy libre, ¡¡¡soy libre!!!