El cambio de lo inmutable

19 noviembre 2012

Reza la vieja cita de Heráclito que “lo único inmutable es el cambio”. De hecho, este filósofo griego, natural de Éfeso, afirmaba que todo se transforma incesantemente en un proceso que va del nacimiento a la destrucción. Todo surge y se extingue, como el río que, aunque el cauce siempre es el mismo, el agua fluye constantemente. Por tal motivo, ningún hombre puede bañarse dos veces en el mismo río.

Cambiar para adaptarse a nuevas situaciones es uno de los grandes retos del ser humano desde siempre. Cuando surge la frustración o fracasan las relaciones interpersonales muchos son los que invocan un esperanzador reto: “¡cambiaré!”. Pero la realidad es contundente, y la naturaleza del ser humano es cruel. Hace años que descubrí que las personas difícilmente cambian. Con el paso del tiempo te demuestran como son realmente.

Hace unos días, estudiando con mi hijo Javier, leímos juntos un relato popular africano, cuya moraleja viene a explicar esta situación.

A orillas del río Níger, vivía una rana muy generosa. Cuando llegaba la época de las lluvias ella ayudaba a todos los animales que se encontraban en problemas ante la crecida del rio. Cruzaba sobre su espalda a los ratones, e incluso a alguna nutritiva mosca a la que se le mojaban las alas impidiéndole volar, pues su generosidad y nobleza no le permitían aprovecharse de ellas en circunstancias tan desiguales.

También vivía por allí un escorpión, que cierto día le suplicó a la rana: «Deseo atravesar el río, pero no estoy preparado para nadar. Por favor, hermana rana, llévame a la otra orilla sobre tu espalda»

La rana, que había aprendido mucho durante su larga vida llena de privaciones y desencantos, respondió enseguida: « ¿Que te lleve sobre mi espalda? ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco lo suficiente para saber que si te subo a mi espalda, me inyectarás un veneno letal y moriré!»

El inteligente escorpión le dijo: «No digas estupideces. Ten por seguro que no te picaré. Porque si así lo hiciera, tú te hundirías en las aguas y yo, que no sé nadar, perecería ahogado»

La rana se negó al principio, pero la incuestionable lógica del escorpión fue convenciéndola… y finalmente aceptó. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró, y comenzaron la travesía del río Níger.

Todo iba bien. La rana nadaba con soltura a pesar de sostener sobre su espalda al escorpión. Poco a poco fue perdiendo el miedo a aquel animal que llevaba sobre su espalda. Llegaron a mitad del río. Atrás había quedado una orilla. Frente a ellos se divisaba la orilla a la que debían llegar. La rana, hábilmente sorteó un remolino.

Fue aquí, y de repente, cuando el escorpión picó a la rana. Ella sintió un dolor agudo y percibió cómo el veneno se extendía por todo su cuerpo. Comenzaron a fallarle las fuerzas y su vista se nubló. Mientras se ahogaba, le quedaron fuerzas para gritarle al escorpión:

«¡Lo sabía!. Pero… ¿Por qué lo has hecho?»

El escorpión respondió: «No puedo evitarlo. Es mi naturaleza»

Y juntos desaparecieron en medio del remolino mientras se ahogaban en las profundas aguas del río Níger.

El libro de texto, en el que aparecía esta fábula, enfatizaba a continuación acerca de la importancia de esforzarse mucho para corregir nuestros defectos y, de ese modo, convertirnos en mejores personas. ¡Fantástico! El cuento era una excelente oportunidad para que los padres podamos seguir edificando esa gran obra que son nuestros hijos. Pero la enseñanza del libro colisionaba frontalmente con mis convicciones más profundas, interiorizadas a base de golpes y decepciones.

Durante unos segundos, mi mente se convirtió en una olla a presión, en la que las contradicciones buscaban un razonamiento coherente que no destruyera el mensaje positivo que, desde el colegio, se intentaba trasmitir al alumno.

Al final, expliqué a mi hijo que las personas sólo tenemos capacidad para provocar el cambio sobre nosotros mismos. Y que para ello, hace falta iniciar una batalla contra nuestros defectos y carencias, y que esa lucha durará toda la vida. Utilicé un ejemplo: “el que es desordenado, lo es durante toda su vida. De él dependerá siempre mantener el orden, pero si no se esfuerza, caerá otra vez en el desorden, porque es hacia donde realmente le arrastra su propia naturaleza”.

Concluí advirtiéndole que, por ese motivo, las personas difícilmente cambian y que al final, en determinadas circunstancias, se muestran tal y como son. Esa es la razón por la que si alguien se rodea de escorpiones, generalmente, acaba envenenado por su picadura.

A veces me aterra saber que, aunque tiendo a ahuyentarlos, en ocasiones no queda más remedio que convivir con escorpiones en el terreno profesional. Un cliente, un proveedor, un jefe o un compañero pueden ser escorpiones ataviados con un disfraz de colega, pero en realidad, son personas que están esperando el momento justo para clavar el aguijón porque están programados genéticamente para ello.

Tal y como se refleja en mi último libro, soy un firme defensor de la coopetencia, entre personas y entre empresas, como vehículo para alcanzar fines comunes. Pero también soy consciente de que en todos los proyectos de cooperación, al igual que en la vida, desde la primera toma de contacto hay que “leer entre líneas” para descubrir e interpretar posibles intereses ocultos de alguna de las partes, dado que pueden conducir al fracaso. En este sentido, identificar y combatir a los escorpiones es crítico. No hacerlo es letal.

3 comentarios

  • Luis
    5 años ago

    Javier! No me preguntes por qué pero este es un tema en el cual a lo largo de mi vida he reflexionado mucho, quizá porque durante gran parte de mi juventud quería ser excesivamente perfeccionista y me lamentaba de algunas de mis aptitudes menos favorables reprochándomelas de una forma muy exigente e intentando corregirlas de forma inmediata. Digamos que con el tiempo he visto como llevarlas mucho mejor y potenciar otras en detrimento de éstas.

    Con esto quería introducir mi punto de vista sobre si las personas cambiamos o no, pienso que no lo hacemos. Creo que cada uno tenemos nuestra naturaleza y que en función de los momentos de la vida en la que nos ocurren unas cosas u otras desarrollamos mas o menos unas u otras facetas de nuestra naturaleza. Es decir, digamos que, por ejemplo, la naturaleza de una persona es ser egoísta y nosotros somos conscientes de ello aunque en un momento determinado puede beneficiarnos que lo sea ya que sus intereses coinciden con los nuestros; sin embargo en otro momento nos parecerá todo lo contrario, que sí es egoísmo, porque sus intereses ya no son los mismos que los nuestros y es entonces cuando sí que pensamos que lo es, dándonos cuenta de que en realidad ha sido siempre así y no ha cambiado, simplemente no lo habíamos sabido / querido ver.

    De ahí que piense así, cuando intento conocer a las personas no sólo intento fijarme en cómo son sino en cómo pueden llegar a ser algún día y por supuesto intento rodearme de aquellas cuya naturaleza sea “optimista inteligente”!!!

    Gracias por hacerme pensar, un abrazo,

  • Jaime
    5 años ago

    Muy buen artículo, Javier, especialmente en estos momentos en que hay bastantes personas que necesitan y quieren cambiar. Te felicito, es muy apropiado.

    Referente al cambio, uno de los más grandes coach, autor y orador del mundo dice: El cambio es inevitable, el progreso es opcional. Tony Robbins

    Luego está claro, que es necesario, para una persona que quiere crecer y mejorar profesional y personalmente, que tiene que cambiar.

    “Somos lo que repetidamente hacemos. La excelencia entonces, no es un acto, sino un hábito.”- Aristóteles

    Para las personas que sienten la necesidad y quieren cambiar, con todas las consecuencias, tendrán que cambiar de forma de pensar, es decir conseguir el hábito de enfocar mucho más en positivo:

    Debido a que nuestra mente sólo puede enfocar un solo pensamiento a la vez. Facilita nuestro trabajo para cambio.

    Referente a los pensamientos, nuestra mente sigue el proceso y por este orden de: pensamiento, sentimiento y emoción. En un cambio bien orientado, es completamente necesario, controlar las emociones ya que si controlamos las mismas, habremos tomado el control de nuestra vida. Para algunas personas es muy difícil, por no decir imposible, controlar las emociones, pero si se ha aprendido a cambiar de pensamiento, es necesario para controlar las mismas, ser lo suficientemente fuerte emocionalmente (IE) para cambiar de pensamiento. Al cambiar de pensamiento, controlamos los sentimientos y también las emociones, puesto que ya no le llegan a nuestra mente.

    La creación de una nueva manera de pensar puede llevar tiempo, pero la práctica como con cualquier cosa, suave y persistente es la clave del éxito.

    Si tomamos el hábito de que nuestros pensamientos sean armoniosos, pacíficos y constructivos, nuestra mente subconsciente responderá mediante la creación de la armonía, la paz, el entusiasmo y las condiciones constructivas.

    En mi opinión, una buena estrategia a seguir, para conseguir el cambio, además de tener una actitud mental muy positiva, es tomar como base los puntos siguientes:

    * Cambiar de forma de pensar. Siguiendo el proceso antes indicado.
    * Estar muy bien motivado. Desde mi punto de vista, la motivación es como la fuerza motriz que permite alcanzar a las personas sus metas u objetivos y buscar lo que desean en la vida.
    * Valorar la autoestima. Puede definirse la autoestima como el sentimiento de aceptación y aprecio hacia uno mismo, que va unido al sentimiento de competencia y valía personal. El concepto que tenemos de nosotros mismos no es algo heredado, sino aprendido de nuestro alrededor, mediante la valoración que hacemos de nuestro comportamiento y de la asimilación e interiorización de la opinión de los demás respecto a nosotros. La importancia de la autoestima radica en que nos impulsa a actuar, a seguir adelante y nos motiva para perseguir nuestros objetivos.

    La comunicación. Relaciones interpersonales. La comunicación es el proceso humano más importante después de alimentarnos. La mala comunicación ha sido causa de divorcios, peleas entre familiares, amigos y hasta guerras. Pero no solo debemos comunicarnos bien, también debemos hacerlo con empatía. Lo más importante de la comunicación es saber escuchar, escuchar con los oídos, con el corazón y con nuestra mente, abrirnos a entender lo que quieren decirnos.

    A manera de conclusión, comentar que si la persona percibe que necesita y quiere cambiar, una buena manera de comenzar, siempre en mi opinión, es seguir los cuatro puntos mencionados, añadiendo para asegurar una buena base para comenzar el cambio, dos procesos de coaching, espaciados en el tiempo que se esté produciendo este primer cambio. Aunque lo normal es que se esté siempre en un constante y progresivo cambio.

  • Marian
    5 años ago

    De vez en cuando viene bien pararse a pensar en este tipo de cosas.

    Sí de acuerdo, somos como somos y es complicado cambiarlo, pero…..¿y si a lo largo de la vida la vida misma nos enseña que hay otras cosas?
    Todo lo que hemos aprendido de nuestros padres, en realidad no somos nosotros, pero nos va haciendo, todo lo que vivimos con amigos de verdad nos perfila para tener un comportamiento u otro, nuestros hijos nos enseñan cada día con sus comportamientos sin prejuicios lo que es en realidad el mundo.
    Sí, estamos rodeados de escorpiones que lamentablemente viven con familias y con amigos escorpiones que no saben ser otra cosa que eso, pero ¿y si eso mismo lo utilizamos para saber y ser lo que somos?
    Yo al menos tengo claro a quien no me quiero parecer.
    Importante: evaluar las consecuencias de tenerlos alrededor
    Imprescindible: detectarlos
    Inevitable: convivir con ellos, están por todas partes
    Estupendo: hacerte inmune y alejarlos, siempre tienen nuevo veneno que inyectar.

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