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¿Qué ves cuando miras al futuro?,… ¿a tu futuro?

Estudiante de segundo curso de Bachillerato, éste es un mensaje para ti que seguramente va a cambiar tu destino.

Acabas de comenzar un nuevo curso, el definitivo, el último, aquel que, profesores, padres y amigos de más edad, te dicen que va a marcar el resto de tu vida. Por eso, notas la presión que sube por tu cuerpo y que te agita cuando piensas en ello. Estás inquieto porque el tiempo pasa deprisa y no sabes qué decisión tomar respecto a los años que vienen por delante. Si tenías dudas, ahora tienes más. Si creías tenerlo claro, ahora ya no lo tienes. El tiempo empieza a correr deprisa y… ¡tienes que elegir qué vas a estudiar!

Ese es el primer error. Fijar la mirada en el corto plazo, en la elección de una carrera universitaria o grado medio. Tu destino es ser un superhéroe no un simple estudiante. No te conformes. Todo el mundo tiene que conocer los superpoderes que tienes dentro de ti, incluso tú.

Viajemos en el tiempo. Recuerdas cuando eras niño que todo el mundo te preguntaba qué quieres ser de mayor. Pues ha llegado el momento de responderla.

Nadie te estaba preguntando qué querías estudiar, querían saber cuál era el trabajo de tus sueños. Querían conocer que ibas a hacer para ser feliz el resto de tu vida. ¿Cómo te imaginabas de mayor? Policía, bombero, futbolista, médico, ingeniero, electricista… Daba igual, en ese momento sentías especial. Sabías que serías el mejor en lo que hicieras. Y eso te hacía sentir muy feliz. Y estabas en lo cierto, porque trabajar en algo que no te gusta, es una auténtica condena.

Sin embargo, ahora que ha llegado el momento de decidir, todo el mundo te pregunta qué es lo que vas a estudiar.

Elegir unos estudios en lugar de una profesión es un error garrafal, que cometen muchos jóvenes.

Fíjate bien. Hasta que cumplas 70 años, que probablemente será tu edad de jubilación, dedicarás a estudiar cuatro años de carrera universitaria (si optas por ello) y un año de Máster. En total, 5 años. Suponiendo que acabes los estudios a los 23 años, te quedarán más de 45 años para dedicarte a trabajar… ¡¡¡9 veces más de lo que habrás dedicado a estudiar tu profesión!!!.

Toma conciencia de que estás decidiendo qué vas a hacer durante los próximos 50 años. Si te equivocas, tu vida empezará a tomar rumbos inciertos. ¿Es importante o no el momento que estás viviendo? La presión ya oprime el pecho, ¿verdad?

No pasa nada. Eso significa que la responsabilidad está llamando a tu cerebro para recordarte lo importante que es descubrir a qué quieres dedicarte. Elige bien, es tu futuro, el lugar en el que quieres y debes ser feliz. Y si te equivocas, rectifica rápido y sigue adelante, siempre adelante. Todos nos equivocamos.

La decisión

¿Quieres que te ayude a reflexionar acerca de ello? He aplicado este método con otros jóvenes y te aseguro que funciona.

Te propongo que hagas lo siguiente:

  1. Busca un lugar tranquilo, siéntate, coge papel y un bolígrafo… o un ordenador.
  2. Cierra los ojos y, durante unos minutos, visualízate dentro de 10 años. ¿Dónde estás?, ¿qué estás haciendo?, ¿a qué te dedicas?, ¿con quién te relacionas?…
  3. Escribe, tal y como te vayan viniendo a la mente, todos los trabajos y actividades que te gustaría realizar a lo largo de tu vida.
  4. A continuación, piensa lo siguiente:
    • ¿te ves trabajando en ellos temporalmente o durante mucho tiempo?
    • ¿estás dispuesto a asumir las desventajas que implica tu elección (es decir, trasladar tu residencia, viajar constantemente o todo aquello que pueda suponer el desempeño de tus funciones)?
    • ¿conoces a alguien que desarrolla alguna de esa actividades?¿Te ves haciendo lo mismo?¿Te gustaría?
  5. Tacha lo que descartes y prioriza los trabajos o actividades que te queden de mayor a menor preferencia.
  6. Imagina un día trabajando, una semana, un mes, veinte años en cada uno de esos trabajos:
    • ¿Cómo te has sentido?
    • ¿Cómo vas evolucionando con el paso del tiempo? ¿Te aburre? ¿Creces como profesional y como persona?
    • En paralelo, ¿cómo te imaginas tu vida personal?
    • ¿Cómo contribuye tu trabajo a tu vida personal?¿La afecta o la beneficia?
  7. Cuando tengas una lista más reducida de trabajos, plantéate si quieres hacer varios o uno en concreto, y qué necesitas hacer para llegar a desempeñar esos trabajos o actividades: ¿estudiar una carrera?, ¿realizar unos cursos?, ¿obtener experiencia?…
  8. Posteriormente, busca información acerca del camino que debes recorrer para llegar a cumplir tu sueño. Si dudas entre dos o tres profesiones, busca el centro en el se imparten esos estudios, así como el programa de asignaturas y temarios que tendrás que estudiar para comprobar si conectas con los contenidos de las mismas.
  9. ¿Has vibrado al leer esos contenidos? Si vibras o te brillan los ojos, vas por buen camino. En caso contrario, sigue buscando. Cuando lo hayas encontrado, lo sabrás.

Nadie dice que vaya a ser fácil capacitarse para desarrollar una profesión, pero tampoco debe ser tortuoso. Si el camino resulta odioso, el destino será horrible. Si el camino te parece como una aventura, el destino será atractivo… y las dificultades que surjan en el día a día, que siempre las habrá, parecerán fáciles de superar.

El objetivo final es ser feliz haciendo lo que realmente te apasiona. Si no lo has descubierto todavía, tomate tu tiempo para hacerlo. Enfócate en encontrar la respuesta, porque cuando sepas en qué quieres trabajar, te motivará descubrir y atravesar el camino que te lleve a cumplir tus sueños.

La presión ha desaparecido. Te sientes mejor, ¿verdad?

Estás a punto de poner los cimientos para construir un futuro, el tuyo. El viaje empezó hace tiempo, pero en este momento tienes que elegir la dirección que deseas tomar porque el camino se bifurca. ¿Hacia dónde te gustaría que te llevara tu camino? ¿Dónde está el destino del superhéroe que llevas dentro?

Elije una vida que te haga feliz.

Hace unos días leí una historia que me hizo reflexionar profundamente acerca de las decisiones que tomamos en momentos cruciales que determinan la vida de las personas.

Un maestro y su discípulo viajaban visitando diferentes lugares y conociendo personas que se traducían en nuevas experiencias de aprendizaje para el joven aprendiz.
En cierta ocasión llegaron a un lugar de apariencia muy pobre en el que vivía una familia compuesta por un matrimonio con sus cuatro hijos y la abuela materna. Todos ellos vestían con ropas rasgadas, viejas y sucias. Era un espacio hecho de madera y cartones, de apenas 10 metros cuadrados, en los que se acumulaba la mugre y la desidia.

La familia vivía en la miseria. Se alimentaban de la leche que les proporcionaba una vieja vaca de su propiedad. La leche sobrante la vendían o la cambiaban por otros alimentos en el pueblo más próximo. Y de este modo, conseguían sobrevivir.

Cuando se quedaron solos, el maestro le dijo a su discípulo que se llevara la vaca a un acantilado próximo y la tirara al vacío. El joven, atónito y asustado, obedeció a su maestro, a pesar de saber que la vaca era el único medio de subsistencia que tenía la familia. Empujó a la vaca y la vio morir.

Dos años más tarde, el viejo maestro y su joven discípulo regresaron al lugar. La chabola había desaparecido, y en su lugar, se alzaba una casa grande con un jardín enorme en los que crecían árboles, plantas y flores, que daban un colorido muy alegre al conjunto.

El discípulo pensó que, tras la muerte de la vaca, la familia habría abandonado el lugar. Le horrorizaba la idea de que su destino hubiera empeorado a partir de aquella trágica decisión. Pero al acercarse a la casa descubrió que las personas que allí habitaban eran las mismas, pero su situación económica y emocional era radicalmente distinta. Todos parecían muy felices.

Cuando el joven preguntó al padre (el dueño de la vaca) acerca de cómo se había producido ese cambio tan drástico, el señor le respondió que al principio sintieron desesperación y angustia al ver como desaparecía su único medio de subsistencia. Pero, al poco tiempo, se dieron cuenta de que tenían que desarrollar nuevas habilidades para resolver su problema.

Por eso, empezaron a sembrar en la parcela que rodeaba la casa. La cosecha fue buena y pudieron venderla obteniendo suficiente dinero para alimentarse, vestirse mejor y construirse una nueva vivienda.

La lección que recibió el joven discípulo de su maestro fue extraordinaria. La vaca era la cadena que atrapaba a la familia en su conformismo y les impedía crecer. Al liberarse de ella, desarrollaron todo su potencial interior sin fijarse ningún límite. Y el resultado fue extraordinario. Fueron más felices.

En ocasiones, nos enfrentamos a situaciones que nos producen miedo y angustia. Son situaciones que amenazan con alterar nuestra propia estabilidad, aquella que nos hace sentir cómodos en una especie de zona de confort, aunque en realidad, seamos esclavos de una vida pobre a la que nos hemos acostumbrado.

Nos creamos cadenas imaginarias cuando renunciamos a nuestros sueños, a desarrollar todo nuestro potencial interior, cuando no sabemos resolver nuestros problemas o, simplemente, cuando nos mostramos conformistas con nuestra mundana existencia. En estas ocasiones no somos conscientes de que modificando determinadas rutinas podríamos dar un giro apasionante a nuestro destino.

Librarse de la vaca significa vivir libre, con responsabilidad, pero sin miedos. Cumplir aquella vocación que siempre rondaba por nuestra cabeza, arriesgarse a emprender la empresa en la que siempre soñábamos trabajar, apostar por uno mismo, creer en que todo lo que nos proponemos puede alcanzarse y dar el paso que fije la huella que siempre quisimos dejar a nuestros descendientes.

En el momento en el que tomamos conciencia de que debemos arrojar nuestras vacas por el precipicio nuestra mente hace un click definitivo, iniciando un cambio de rumbo o modificando el actual para deshacerse de las frustraciones, temores, perezas y frenos que le impedían intentar algo nuevo o hacer de una forma mejorada algo que se estaba haciendo mal.

¿A qué estás esperando para hacer click?

Tira tus vacas por el precipicio y persigue tus sueños. Las mejores decisiones son las que te llevan desde el lugar en que no deberías estar al lugar al que siempre quisiste llegar.

Esta semana asistí, invitado por la Asociación de Comerciantes de Electrodomésticos, Muebles de cocina y Autónomos, ACEMA, a una conferencia de Emilio Duró, un coach empresarial que se ha convertido en el gran gurú del optimismo y la felicidad.

Según sus propias palabras, todo su éxito se debe que alguien decidió publicar en YouTube la conferencia que impartió en el VI Congreso del Comercio Gallego celebrado en noviembre de 2008. Desde entonces, internet ha popularizado a este excelente profesional que ya gozaba de un reconocido prestigio en el mundo empresarial.

Basta con escucharle durante unos minutos para darse cuenta que no estamos ante un conferenciante cualquiera. Tiene tema, sabe escenificarlo y sus palabras resuenan con fuerza en la conciencia de los participantes. Es auténtica dinamita para la razón y un azote para las personas tristes y depresivas.

Este estudioso de la felicidad, como él mismo se define, es capaz de atenazar a su auditorio durante casi dos horas, con una conferencia que lleva por título “Coeficiente de optimismo en tiempos de cambio”, pero que también podría titularse “Engánchate a la vida” o “Pasión hasta el último suspiro”.

Veo poca televisión. Prefiero leer y escribir. Pero, cuando estoy sentado ante el televisor, los momentos que considero más interesantes se producen en el transcurso de los cortes publicitarios.

Es, en ese momento, cuando mi cerebro despierta de la relajación a la que me suelen llevar el tipo de programación que normalmente visiono y comienza a analizar cada una de las piezas publicitarias que se emiten.

Mi actividad cerebral se estimula con preguntas como:

  • ¿Quién es el sujeto promotor del anuncio?
  • ¿A quién se dirige el mensaje?
  • ¿Qué objetivo tiene?
  • ¿Qué imagen quiere proyectar?
  • ¿Qué códigos utiliza?
  • ¿Cuáles son los inputs conscientes del anuncio y cuáles son los subconscientes?
  • ¿Qué efectos producirá en su target?
  • ¿Conseguirá sus objetivos?¿Por qué?
  • ¿Qué otros elementos conozco de esa campaña?
  • ¿En qué medios de comunicación y soportes publicitarios he visto más piezas?
  • ¿Por qué se está utilizando esa estrategia de comunicación?
  • ¿Cuáles son las fortalezas y las debilidades de la campaña?
  • ¿Cuál es la ventaja diferencial que se publicita?
  • Además de otros detalles técnicos, como qué efectos utiliza, que agencia o productora han desarrollado la idea, la adecuación de la música al conjunto, etc…

¡¡¡Es apasionante!!!

Mis dos hijos mayores, incluso, lo han convertido en un juego en el que utilizo preguntas más básicas: ¿quién anuncia?, ¿qué objetivo tiene?, ¿cuál es el mensaje? y ¿cómo lo transmite? Espero no estar haciéndoles ningún daño irreparable. Al menos, creo que consigo que racionalicen algo tan subconsciente como es la publicidad. Además, pensar les puede resultar muy útil en la vida.

Imagino que es una deformación profesional, igual que la que puede tener un carpintero cada vez que ve un mueble o visita una tienda de mobiliario, tratando de averiguar el tipo de material de cada pieza o la técnica utilizada para la fabricación o un mecánico escuchando el ruido del motor cada vez que se sube a un vehículo.